lunes, 29 de octubre de 2012

¿Por qué los escritores renuncian a un premio?

Los motivos que pueden hacer que un escritor no acepte un premio como éste a veces son extrañas. Pensemos que la mayoría de los escritores quieren que su obra sea reconocida, quieren gustar, quieren ser leídos, pero... ¿siempre?, ¿sin ningún obstáculo? Eso creo que no, los escritores quieren llegar a la gran masa, al público, quieren que se les reconozca la calidad literaria de sus novelas, cuentos, creaciones, en general, pero no "a toda costa", pues aunque quieran ser populares entre los lectores, aunque necesiten de las voces públicas para la valoración de sus obras, los escritores no son vendedores, no son editores, no son comerciales de libros, sino los creadores.


El rechazo de Javier Marías del Premio Nacional de Narrativa otorgado por el Ministerio de Cultura a Los enamoramientos y sus 20.000 euros ha sido sonado.  ¿Cuál es el motivo que le ha llevado a Javier Marías a no aceptar este importante premio? Todo aquel lector de Marías sabe que este autor no da nunca una puntada sin hilo. Realmente, para Javier Marías son muchas las causas de su renuncia, desde que su padre, Julián Marías, nunca obtuviera un premio de la Administración, así como otros grandes autores muy queridos por él tampoco lo hayan obtenido; hasta el hecho de que no ve con buenos ojos  el espectáculo de los escritores haciendo los bolos rutinarios, que las distintas instituciones públicas les obligan a realizar después de la recogida de un premio. El único premio que ha aceptado Marías para Los enamoramientos ha sido precisamente el Premio de los Lectores de Qué Leer,  que se otorgó el pasado mes de abril. Un premio sin dotación económica, con una retribución consistente únicamente en el reconocimiento expresado por los lectores de esta interesante página, a título personal.

Este rechazo del premio, como decimos, ha ocasionado un gran revuelo y ha levantado de sus cenizas ciertos debates abiertos con anterioridad sobre el porqué de los premios institucionales.  Javier Marías argumentó que no quería el dinero del premio, no por ser desagradecido o por no estimar este reconocimiento, sino porque creía que este dinero podría dedicarse a menesteres más importantes, como por ejemplo, la ayuda a las bibliotecas públicas. Yo me planteo una última pregunta retórica que planteo a todos los lectores: ¿Creéis que  en este país sobran  premios y faltan lectores?
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